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La desigualdad en Estados Unidos, visualizada
“Schweickart (2001) hace una ilustración interesante de la desigualdad en Estados Unidos. La idea es imaginar un ‘desfile de enanos y gigantes’ que dura una hora, y en el que cada individuo que desfila representa un hogar norteamericano. Como en 1999 había unos 100 millones de hogares, durante una hora marcharían unos 100 millones de enanos y gigantes, que representan a todos los hogares norteamericanos. En el desfile marchan primero los más bajos y luego los más altos. La altura de los marchistas es una medición relativa de los ingresos del hogar que cada marchante representa. Se supone que una estatura de 1.80 m representa los ingresos promedio de un hogar en 1999, que eran de unos 55.000 dólares.
Los primeros marchistas tienen una estatura muy baja. Han de pasar cinco minutos (ocho millones de hogares) para que los marchistas alcancen los 30 cm de altura (9.200 dólares). Para llegar a 45 cm (15.000 dólares—la línea oficial de pobreza para una familia—) han de pasar 12 minutos (20 millones de hogares). Para llegar al ingreso promedio (55.000 dólares o 1.80 m de estatura) usted tiene que esperar 38 minutos. A los 48 minutos los participantes miden 2.50 m (80.000 dólares). A los 54 minutos se llega al 10 por ciento superior. Es gente que mide 3.70 m (110.000 dólares). A los 57 minutos aparecen los del cinco por ciento superior: miden 4.50 m (142.000 dólares). Faltando 36 segundos para que acabe el desfile, aparece el uno por ciento superior, con 9.90 m de alto (300.000 dólares). Pasa el presidente, con 400.000 dólares. Pero 172.000 personas en Estados Unidos ganan más de un millón de dólares: su altura en el desfile es la de un edificio de diez pisos. Quienes ganan más de 10 millones de dólares miden más de 300 m. Algunos ganan más de 100 millones de dólares: miden más de 3.000 m. Es decir, son más altos que [la altitud de] Bogotá. El más rico, Bill Gates, es 16 veces más alto que el monte Everest, que mide unos 8.800 metros. Y este desfile infravalora la desigualdad, porque mide el ingreso, y no la riqueza, que es aún más concentrada.
En el Estados Unidos de 1999, el uno por ciento superior posee un tercio de la riqueza total, el siguiente nueve por ciento tiene otro tercio de la riqueza, y el 90 por ciento restante tiene el último tercio de la riqueza (se cree que la distribución de la riqueza se ha deteriorado desde entonces).”
Castellanos, D. (2010). ¿Cómo debe ser? Reflexiones sobre ética y justicia. Manuscrito sin publicar (Universidad de los Andes, Bogotá).
